La noticia de la muerte de una adolescente en el dìa de la primavera, por otra adolescente me llevo a pensar: ¿ Còmo era antes?
En mi casa me enseñaron bien, recuerdo. Cuando yo era un niño, me enseñaron a horrar dos reglas sagradas:
Regla N* 1.- En esta casa las reglas no se discuten.
Regla N* 2.- En esta casa se debe respetar a papà y a mamà.
Y esta regla se cumplìa en estricto orden. Las madres estaban màs tiempo en su casa, y los padres salìan a trabajar porque habìa trabajo para todos los padres, y todos los padres volvìan a su casa. No habìa que pagar "rescate" ò averiguar en una comisarìa. El respeto a la autoridad de papà era suficiente para cumplir las reglas. Usted dirà que eramos niños sometidos, conformistas ò si prefiere niños fascistas, pero acèpteme que uno se sentìa aliviado saber que habìa reglas que respetar,porque me contenìan,me protegìan,me ordenaban y porque podìa apoyarme en ellas dado que eran sòlidas, y lo màs importante sabìamos a que atenernos. De lo contrario uno tiene una sensaciòn de abismo, abandono y ausencia. Las reglas a cumplir eran claras,memorables y tan reales y consistentes como era lavarse las manos: "antes de sentarse a la mesa", ò "escuchar cuando los mayores hablan". Habìa otro detalle, las personas que imponìan las reglas eran las que las cumplìan a rajatable y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No habìa diferencias, èramos todos iguales ante la: "Sagrada Ley casera".Sin embargo y no lo dude, muchas veces desafiè las reglas, mediante el sano y excitante proceso de " la travesura", que me permitìa acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los lìmites. Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente. La travesura y el castigo pertenecìan al sabio proceso, que me permitìa mantener intacta mi salud mental. No habìa culpables sin castigos, y castigos sin culpables. Asì era un mundo predecible. El castigo era una salida terapèutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y eliminaba a los privilegiados. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas; tampoco existìa el " dos por uno", a tal travesura tal castigo. |